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domingo, 23 de enero de 2011

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jueves, 16 de septiembre de 2010

Las manos de Tosar


Llámalo manía o fetichismo, pero con las manos tengo una especie de obsesión y es lo primero en lo que me fijo en cada persona que conozco. Algunas me horrorizan (intento disimular) y otras, en cambio, me conquistan para siempre. Eso es lo que me pasó hace un par de años con Luis Tosar en unos premios Goya. Ayer las volví a ver, no en la pantalla, sino en la tarima de un teatro, de una escuela de teatro para ser exactos. El multipremiado actorazo gallego ha reunido a medios y alumnos en la escuela de su vida, la de Cristina Rota, en el corazón de Lavapiés.

Él dice que no es una clase magistral porque no es un maestro, pero allí nadie se lo ha creído. Bajo el manto de los dewaristas, de Johnnie Walker, Tosar ha movido sus manos sin parar para regalarnos cuarenta minutos de sus buenas artes a los presentes y, sobre todo, a David Corral, el actor que ganó el concurso Keep Walking Project, de la marca de whisky. Corral, al que hay que aplaudir el temple ante tanta cámara y tanto Tosar, ha interpretado un intenso monólogo del Zoo de Cristal, de Tennesse Williams (que en 2005 escenificó Luis Tosar junto a María Botto y la propia maestra Rota, que hoy asistía en primera fila al estreno como maestro de uno de sus mejores alumnos).

Hasta cuatro veces ha repetido Corral sus líneas. A cada punto final le han seguido las manos de Tosar, arriba y abajo, explicando cómo “sacar de dentro la angustia y la frustración”, cómo moverse por el escenario, cómo ser actor. Al último intento le siguió un aplauso improvisado por parte del público, entre los que se encontraban alumnos de la escuela. “¿En qué curso estáis?”, es ha preguntado su ídolo. “¿Qué tal os trata Cristina Rota?”, sonríe pícaro. No hace mucho él estuvo allí, sabe lo que es lanzarse “a una profesión que, de primeras, a las familias no les gusta nada”. Pues la suya tiene que estar encantada porque además acabamos de conocer que una de tres películas en las que aparece, Celda 211, También la lluvia y Lope, será la preseleccionada por España para viajar a los Oscar. Sabremos cuál el 28 de septiembre. Hay Tosar para rato (también en nuestro número de octubre) ¡Y qué manos!

domingo, 16 de mayo de 2010

Con C de Cannes y B de Boris

Hace un par de días pisé la alfombra roja. Sí, la verdadera alfombra roja. La de Cannes. No voy a decir que me sintiera como Penélope Cruz, pero la cosa fue divertida. Mis compañeros de paseíllo (estamos en San Isidro) fueron Boris Izaguirre y Nuria March, entre otros. Del primero, he descubierto cosas que no sabía (como que en cada sitio por el que pasa suele perder algo), y otras que simplemente he vuelto a constatar: que es un anfitrión perfecto. Fuimos invitados por Chivas, patrocinador oficial del mítico festival y la experiencia incluía asistir a una proyección de una de las películas a concurso, en nuestro caso, Chongqing Blues, de Wang Xiaoshuai. Un filme inquietante y largo, a veces desolador, pero muy hermoso. A Boris le gustó. A Nuria le hizo pensar. Hablamos mucho de cine, y también de whisky. Y lo bebimos. Hay experiencias que no necesitan alfombras rojas. Basta con una buena charla, buenos compañeros de mesa y buenas maneras. De eso también saben mucho en Chivas, que tratan de recuperar esos valores antiguos: caballerosidad, gentileza... y lo resumen en una palabra que evoca la sonoridad de su nombre. Chivalry. Refresca tu memoria. Refréscate.

Paloma Leyra

sábado, 15 de mayo de 2010

Bajo el sol de Cannes

Amanezco en el hotel Martínez de Cannes. Un croissant y un café bajo el sol. Mayo y Cannes juntos son más que un festival, una fiesta. Pero aquí aún hay silencio. En la mesa de al lado, Alain Delon, y detrás, la piscina. El actor, a sus 74 años sigue teniendo esa mirada cautivadora que se convirtió en la inspiración de los sesenta. Hoy está aquí para pisar la alfombra roja junto a Claudia Cardinale para volver a ver El gatopardo, la película de Visconti que ganó la palma de Oro en 1963. Pero a mí me vienen a la cabeza otras películas. Con Bajo el sol y La piscina, todo cuadra. Él y su amor, Rommy Schneider. Y además, una nínfula llamada Jane Birkin. Hay que volver a verla. ¿Un chapuzón?

Paloma Leyra